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Calurosa acogida

José Luis Font Nogués

Publicado en la revista digital «¡Qué familia!»

http://quefamilia.es/category/acordes-educativos/

Hay personas que saben expresar estos sentimientos en diversas facetas del arte; así Mendelssohn escribió ocho cuadernos con cuarenta y ocho partituras tituladas “Romanzas sin palabras” (Ver la interpretación de esta romanza en el vídeo situado en la barra lateral). En algún libro que las recoge leí que su op. 19 nº 4 es calificada como “Calurosa acogida”. Efectivamente, esa música expresa un ánimo exaltado que puede identificarse con el sobresalto animoso de un encuentro, se abre la casa y hay júbilo al ver a la persona que ha llegado, pero la música pasa a ser luego más lenta como queriendo expresar el intimismo de una conversación que acerca a las dos personas, se dice y se vuelve a decir un “¡cómo estás?”, “es una suerte tenerte aquí”… de nuevo una alegría, un remanso de paz y al final un nuevo júbilo que recapitula de modo más sereno la exultación del primer encuentro.

Sin duda, la belleza de la referida música de Mendelssohn nos trae al pensamiento nuestro trato con quienes nos encontramos a diario: ¿acogedor?, ¿hosco?, ¿profundo?, ¿superficial?, ¿respetuoso?, ¿indiferente?, ¿amable?, ¿servicial?, ¿exigente?…

Es un lujo contemplar el amanecer diario y poder disfrutar de nuestro primer encuentro con la naturaleza. El sol se alza. Aparecen en nuestro horizonte la primeras personas que nos traen el regalo de hoy: una sonrisa, un buen deseo, una buena tarea, o quizá alguna incompresión. Avanza la jornada con intensidad, y con ella el cansancio, nuestros encuentros con los otros nos enriquece: una solución a un problema es un reto positivo para aprender, una ayuda no nos disminuye en nuestra estatura sino que nos levanta de la tierra pues algo imprevisto ha hecho esforzarnos por ofrecer lo mejor de nuestro interior.

Pero la música también está compuesta por silencios. Los silencios dicen cosas y es necesario guardarlos. Callamos y se nota que aprobamos, alabamos, reñimos o no estamos de acuerdo. Un silencio ofrece perdón, da la palabra, escucha a la otra persona, deja pasar algo que nos parece inconveniente, une o distancia.

Anochece. Contento apago la luz y contemplo las estrellas. Con palabras o sin palabras, el día es una Romanza al mundo amado, a las personas amadas, a todo y a  todos en este mundo globalizado.

La firmeza necesaria en el educador

Se refiere Andrés Manjón a la firmeza que ha de ejercitar el maestro al encargarse de un grupo de alumnos a los que no conoce. Parte del supuesto del buen hacer y de los conocimientos del maestro, pero también de las tendencias que emergen en los alumnos para investigar quién es su maestro y establecer unas posiciones adecuadas para ellos enfocadas a la defensa o, incluso al ataque. Escribe Andrés Manjón:

“El maestro necesita la virtud de la firmeza al principio, pues al presentarse por primera vez en clase, los alumnos le han de estudiar, sondear, tantear para ver de qué pie cojea, y por aquel flaco probarle y sobreponerse. Sea, pues, firme, sereno y precavido para triunfar en tales astucias y ensayos de rebelión”.

Puede dar la impresión de ser D. Andrés un hombre apacible y amable por aquella idea de pretender educar mediante el juego, pero no por ello es ingenuo: conoce bien el miedo del profesor que se enfrenta a un grupo de alumnos a los que no conoce y también conoce las estrategias –no mal intencionadas por lo general- de ese grupo de alumnos que no quiere ser dominado por un experto mayor.

Pero el maestro, profesor o educador, no necesita imponerse de alguna forma, sino mostrar las reglas del juego para lo que les reúne a todos: “Necesita firmeza después, para continuar, sostener y hacer cumplir todo lo dispuesto y ordenado, ya para la disciplina, ya para el estudio de los discípulos”. La firmeza es para tres fines: continuar, sostener y hacer cumplir.
Firmeza para continuar, porque los objetivos educativos se han de llevar a cabo; de nada serviría reunir a unos alumnos para no conseguir lo que se pretende conforme a sus edades o pautas educativas adecuadamente establecidas. Ese continuar requiere un ritmo diario que estará programado por el maestro, de forma cuadriculada y detallada en un documento escrito, aunque flexible y natural en el modo de actuar.

Firmeza para sostener, porque los alumnos necesitan ser llevados continuamente, animados en una ilusión llena de alegre anhelo por descubrir esas metas educativas de conocimientos o de actitudes en busca de su bien personal y del bien del marco social que le rodea. Los alumnos no progresarán sin el ánimo, sin el sostenimiento de la voluntad que ha de lograr esfuerzos por el saber y por la buena conducta.

Firmeza para hacer cumplir, porque no se educa mostrando una idea sino llevándola a la práctica; es conocida la expresión “la letra con sangre entra”, que no se refiere a nada hiriente ni coercitivo, sino a lograr una meta a través del esfuerzo que hay que empeñar para lograrla. Así, el alumno no aprenderá la ciencia ni la correcta manera de comportarse si no realiza actos que le cuesten; para eso está el maestro que “hace cumplir”, mejor con entusiasmo que con severidad.

Esta firmeza lleva incorporadas algunas actitudes en el educador. La firmeza es constancia o, en un grado más alto, perseverancia. La constancia parece que se aplica a una repetición desagradable y la perseverancia habla más de un empeño amoroso, que es lo que debe distinguir al maestro; el maestro ha de hacer todo amablemente, con gran respeto y con una entrega total y perenne a la persona que se educa.

(cfr. Manjón, Andrés. El Maestro mirando hacia dentro. Imprenta de las Escuelas del Ave María. Granada 1996, página 107)

Signos artísticos en torno a la cruz de Jesucristo

La cruz de Cristo domina todos los tiempos. Sus dos brazos se alzan sobre el pasado y el futuro. La historia del mundo se divide en dos períodos: antes de Cristo, bajo la sombra de la cruz; después de Cristo, a la luz de su cruz.

Jesús crucificado acompañado por su madre, María, y su discípulo más joven, Juan.

Jesús crucificado acompañado por su madre, María, y su discípulo más joven, Juan.

En el pensamiento de los artistas de la Edad Media, San Juan representa el pasado; la Virgen el futuro. Aquel está a la izquierda de Cristo y la Virgen a su derecha, del lado en que aparece abierta la herida de su corazón y hacia donde inclina su rostro.

Jesús en lal cruz y a ambos lados los signos del sol y la luna

Jesús en lal cruz y a ambos lados los signos del sol y la luna

A veces se ponía, a la izquierda, la luna; y a la derecha, el sol. O a la izquierda la Sinagoga, con su cetro roto y un velo sobre los ojos; y a la derecha, la Iglesia, con un cáliz y los Evangelios. San Juan significaba la Sinagoga, porque, en la mañana de Pascua, cedió el paso a San Pedro, al entrar en el sepulcro; como la Sinagoga, según comenta San Gregorio Magno, debe ceder el paso a la Iglesia (E. Male, L’Art religieux au XIII siècle en France, pp. 231-232). Sin embargo, a quien debería colocarse a la izquierda de Cristo para figurar el pasado es al Bautista, como en la crucifixión de Grunewald; el lugar del Evangelista; en cambio, es a la derecha de la Virgen, no desfallecida, sino en pie.

Representación de Jesús crucificado donde el artista ha representado presente a S. juan Bautista, que en ese momento ya había fallecido.

Representación de Jesús crucificado donde el artista ha representado presente a S. juan Bautista, que en ese momento ya había fallecido.

La cruz de Cristo trasciende a todos los tiempos, salva a todos los hombres; a los que vivieron en el pasado y a los que vivirán en el futuro: “Cuando fuere levantado en alto, había dicho el Salvador, atraeré a todos a mí” (Juan, 12, 32)

(Charles Journet. Las siete palabras de Cristo. Ed. Rialp, col. Patmos 163. Madrid 1976, p 108)

Semillas de verdad

Se añade a este blog el enlace  http://seedsoftruth.blogspot.com  como herramienta de diálogo entre la cultura contemporánea y el sentido religioso inherente al hombre.

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Educar la posibilidad de relación con las personas: sinceridad y confianza

La característica de ser sociable la persona solicita que se le ayude desde el inicio de la vida a que desarrolle sus relaciones con las personas de la mejor manera posible. Por eso podemos hablar de educar a la persona en todos los aspectos que se refieren a las relaciones con los demás.

Antes que pensar en los demás, conviene atender al origen de las relaciones, a uno mismo. Por eso, hay dos cuestiones esenciales: estar en la verdad de sí mismo y confiar en sí mismo.

Saber de uno mismo con autenticidad y certeza es clave para salir fuera de sí a tratar con las demás personas; admitir cualquier matiz de engaño, mentira, falsedad o disimulo sobre uno mismo es dar paso a una mala forma de relacionarse porque la relación misma se hace falsa. Andar por la vida con la certeza de sí mismo se traduce en el término sinceridad, ser sincero con uno mismo para –desde ahí- ser sincero con los demás; establecer la vida en términos de sinceridad  posibilita que las relaciones sean fáciles, que se conozca al sujeto y se viva con la claridad de saber quién es, cómo es, qué piensa, que nos quiere decir. Al contrario, las falsedades o engaños posibilitan la desconfianza, la duda, el recelo y todo tipo de complicaciones en torno a las relaciones personales.

Una vez establecida la sinceridad sobre sí mismo como punto de partida, el paso siguiente es conocer con realidad las capacidades de uno mismo, las posibilidades que tiene de realizar cosas buenas, en qué materias y de qué manera; así, por ejemplo, alguien que advierte que tiene sensibilidad por los colores puede advertir que puede pintar una obra de arte y, al contrario, una persona que no domina bien sus destrezas manuales no deberá pretender ser un trabajador manual y menos de cosas pequeñas.  Establecido el conocimiento de sí mismo llega la tarea imprescindible de pasar a confiar en las propias posibilidades, es decir, a confiar en sí mismo. También este aspecto tiene matices positivos y negativos: quien está seguro de las posibilidades que uno tiene puede establecerse metas a realizar en proporción al mayor o menor grado de sus capacidades y quien duda sobre lo que él puede hacer  quizá se quede realizando pocas cosas o cosas de muy pequeña importancia.

La educación de la persona, desde niño y en cualquier momento de la vida, es el motor para que cada uno afiance su modo de ser sincero, su conocimiento personal, sus capacidades, sus destrezas, sus límites y –por tanto- el modo óptimo de relacionarse con los demás.

Responsabilidad

«Ir en serio» no significa pronunciar palabras grandilocuentes y formular exigencias a porfía. Va en serio quien ve las tareas allí donde realmente están: en la vida diaria, en el entorno más cercano; quien aborda con decisión esas tareas y las cumple día tras día.

(Romano Guardini)

Aspectos educativos de la Semana Santa

José Luis Font Nogués

María Stísima de la ConcepciónDurante los días de la Semana Santa es tradicional en  muchos lugares organizar unas procesiones para sacar a la calle o llevar a una catedral imágenes artísticas sobre los distintos momentos de la Pasión de Jesucristo, sucedida en torno al año 33 de nuestra era. Estos cortejos surgen desde hace siglos en entornos del cristianismo y siguen su pujanza en los momentos actuales, una vez que han pasado veinte siglos de aquellos acontecimientos históricos.

Cristo del Vía CrucisEn el marco de la fe cristiana, la celebración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo es una realidad desde el siglo I y hay documentos plenos de autenticidad que las relatan. Dentro de la perspectiva cristiana, la Liturgia de esos momentos es algo más que un recuerdo o un signo, es vivir de nuevo esos hechos; se conmemora la salvación de la humanidad a través de la muerte de un hombre que es Dios. Ese hombre –Jesús de Nazaret, hijo de un carpintero y de una mujer sencilla que vive en la fe de Abraham, ha dado muestras de bondad, de misericordia e, incluso, ha realizado prodigios curando a enfermos o con otros milagros.

Jesús de Nazaret no ha dado órdenes tajantes, ha actuado bien y es condenado a sufrir y morir; ha realizado y actuado con Belleza entre los de su pueblo y se ha acercado al hombre doliente que, aunque lleno también de bondad y belleza, sufre deterioros en su ser sometido a error.

Es propio del arte de todos los tiempos cantar el amor sacando hacia fuera la interioridad personal; el artista plasma en un texto, en una partitura en una pintura o en una escultura los propios sentimientos y formas de ver. Así, una escultura bella parece que habla desde fuera de ella hacia nuestro interior y una música bella habla desde nuestro interior hacia el ser amado. La música sacra tiene como finalidad hacer presente el Misterio que se celebra litúrgicamente, cantar al “más bello de los hijos de los hombres”, en expresión del Salmo 44 del Rey David, aunque en la Semana Santa le veamos sin aspecto atrayente. La escultura muestra un momento gráfico de la vida de un personaje y la imaginería de Semana Santa –ajustada al arte barroco siguiendo su canon de acercar el misterio sagrado al pueblo- hace revivir momentos determinados y normalmente dolorosos de la Pasión de Jesús. Las velas llorosas alumbran con su poquedad al que se definió como la Luz del mundo y a la que se le invoca como la Estrella de la mañana. Las flores adornan escenas de gran dolor y sufrimiento porque se valora la generosidad y se quiere acompañar con un don personal que embellece la acción.

Jesús del Gran PoderLas salidas procesionales que se suelen llamar “Estaciones de Penitencia” atraen durante todo el año a los que pertenecen a las diversas cofradías y en esa semana de primavera atrae a todos indistintamente. Es de interés reflexionar sobre por qué atraen tanto esas procesiones. No puede atraer la representación de un tormento, de un dolor, de una flagelación, de una crucifixión o de una madre dolorida que acompaña siempre a su hijo. Solo puede haber una respuesta: las personas son atraídas por el amor de una persona que ha muerto por amor a toda la humanidad de todos los tiempos, que ha padecido por cada uno. Así, el sufrimiento, las llagas, la pasión dolorosa se hace Amor Grande y ese es el motivo por el que se reviste de oro y plata, se le acompaña con la mejor música que es posible escribir para acompañar, calmar, comprender, consolar, compadecer, agradecer a Jesús Nazareno y a su Madre María en los distintos momentos de su Amor: el amor humano pone los mejores elementos de la naturaleza material para ensalzar el Gran Amor.

En el encuentro con los pasos de la Semana Santa por la calle no se puede evitar la contemplación de ese algo misterioso que se está representando y como haciéndolo vivir de nuevo; no se puede evitar esa expresión dolorosa de queja que es la saeta, con aires de cante jondo; no se puede evitar una alegría ante la representación de una Madre que consuela; no se puede evitar interpretar una marcha con música que acompañe el andar o la pena del Nazareno; no se puede evitar el silencio penitente y sobrecogedor como expresión del arrepentimiento por las culpas personales que contrastan con el sufrimiento de quien no tuvo culpa alguna. Todas estas expresiones salen del interior de las personas en su papel de penitente, nazareno, costalero, músico o espectador a quienes las palabras se quedan cortas y necesitan gestos y signos para expresar sus sentimientos.

En los días de la Semana Santa se ve por las calles a muchas familias con sus hijos pequeños; los niños suelen preguntar a sus padres por las representaciones artísticas que están viendo. También los mayores se detienen a comentar las distintas esculturas, si son valiosas, si son de un siglo u otro, si las esculpió aquel famoso escultor del que tanto se habla en la historia del arte, en qué momento se compuso la partitura de una marcha que suena acompañando el andar de un paso: todo son signos.

                      Cristo crucificado                 Jesús despojado de sus vestiduras   Jesús coronado de espinas

Pudiendo estar conformes o no y en diverso grado con el llamado constructivismo educativo, sí es cierto que el “aprendizaje significativo” de David Ausubel da fácil explicación a los acontecimientos de la Semana Santa porque la piedad popular –es decir, todo lo referente a las cofradías y estaciones de penitencia- arrojan datos al pueblo y cada persona receptora sabe encajar esa información en su -muchas veces ignorado- proceso educativo. Así como el niño recién nacido, e incluso en los nueve meses anteriores, ya recibe informaciones que sabe encajar naturalmente  en su interior –aprendiendo y educándose progresivamente-; así como el niño sabe poner de manera innata un gesto de risa o de llanto aún si poder hablar; así como el niño que contempla las escenas de la Semana Santa sabe preguntar por el dolor, por el llanto, por los clavos, por las llagas y los padres les explican; así es el proceso significativo que educa al niño en esos misterio. También los mayores acuden a ver pasar a Jesús y a María en un momento dramático con su gesto de dolor, perdón o misericordia, siempre llevados con serenidad y amor; todo el mundo sabe interpretar la expresión musical que habla por sí misma. Todo es un proceso educativo perceptible y comprensible.

Pero el proceso va más allá de esos signos externos y materiales; no llevan únicamente a cosas históricas, a un dolor humano o a una expresión del arte que satisfacen a la vista o al oído; todo ese conjunto se signos llevan  hasta el verdadero Signo que es la Palabra y la Eucaristía, no en vano hablaba Juan Pablo II de la importancia de la Mesa del Pan y de la Mesa de la Palabra. Las imágenes hablan por sí solas. Las personas necesitan los signos de imágenes, maderas, músicas, vestimentas, oro, plata, sedas y terciopelos, pero quizá se queden cortos si no llevan a la Verdad, aquella que Pilato –muchas veces presente en los pasos de la Semana Santa- eludió por no querer ser responsable con la Verdad y prefirió salvar un puesto político concediendo la condena de un inocente a un sector del pueblo que se lo pedía sin compasión humana.

Todas las cofradías de Semana Santa tienen una razón de ser que es el culto a ese Gran Signo –Jesús de Nazaret- que muere por salvar a la humanidad y las salidas de las imágenes no es tan sólo algo del folklore popular, sino es un modo del aprendizaje significativo de David Ausubel porque la persona se enfrenta a la contemplación de una escena misteriosa que interpela a su interior y le hace ver que el buen comportamiento, el amor a las personas, el sufrimiento por la persona amada, el acompañamiento y otras bienaventuradas actitudes son el camino de la felicidad que cada ser desea y que se escapa de la rutina diaria porque pertenece al marco de lo sagrado.